Cecilia Prato pinta desde el deseo de conectar con lo invisible: aquello que no se nombra, pero se siente. Trabaja el color, la textura y el gesto como vehículos de una experiencia emocional e íntima, explorando la espiritualidad desde lo abstracto.
Los vínculos humanos, la memoria ancestral y la intuición femenina atraviesan su obra — abriendo portales hacia nuevas formas de habitar el misterio.